Francia

Francia es un país de Europa que goza de gran popularidad como destino turístico, tiene entre sus ciudades grandes atracciones, siendo París, además de su ciudad capital, uno de los lugares más visitados. Una naturaleza espectacular, una historia larga y florida, monumentos de todas las civilizaciones, épocas y un presente sólido y esperanzador.

Francia, el país de la baguette, de la moda y el glamour, del champán y del Tour de Francia. Francia son los museos, el c’est la vie, París y el Moulin Rouge, los cabarets, el jazz de Miles Davies, John Coltrane y Charlie Parker. La Francia de Edith Piaf y del belga Jacques Brel; la de la ilustración y del colonialismo, del centralismo de Luís XIV y de Jules Ferry, del pacifismo de Jean Jaurès y de la beligerancia de Napoleón. Francia es la resistencia de Clemenceau, Leon Blum, Mendès-France y De Gaulle que luchaba contra la Francia de la colaboración de Vichy y Petain. Francia de cultura y de acogida, de crisol y de exclusión; Francia de naturaleza protegida, de gusto y respeto, de la ecología de Yann-Artus Bertrand y también de energía nuclear. Francia europea de Monnet y Delors, Francia extrema de… Francia, uno de los 27 países que forman la Unión Europea, un país como otro cualquiera. Similar a los demás pero, al mismo tiempo, particular como cada uno de ellos.

Un país que como todos, y ninguno se escapa, es un crisol de gentes venidas de todo el planeta, antes o después, más tarde o más pronto. Un lugar que, por casualidades y esfuerzos de toda índole, se ha conformado en lo que hoy es. Un país, como el resto, en constante evolución, con conflictos entre un campo protegido y habitado, y las ciudades, donde los problemas derivados de la pobreza parecen causar fracturas. Esas grietas, erróneamente llamadas étnicas o comunitarias, hacen sin embargo de esos elementos u orígenes, banderas para peligrosos consecuencias.

Un país confrontado al dilema de la mundialización, de la cual sus filósofos y políticos han sido siempre buenos adalides. Francia hoy se resiste a perder una especificidad cultural de la que se ha hecho gala y, una vez más, bandera, esta vez para marcar, tal vez, una superioridad dentro del igualitarismo, una especie de primus inter pares.

París
Torre Eiffel, Arco del Triunfo, Campos Elíseos, Notre-Dame, Montmartre, Museo de Orsay, El Louvre… Son tantos y tan bellos los lugares de interés de la capital de Francia que es imposible nombrarlos todos. La ciudad de la moda lo es también de las compras, el arte y la gastronomía adaptada a cualquier presupuesto, con opciones que van desde restaurantes con tres Estrellas Michelin a deliciosas baguettes recién horneadas, rellenas con los mejores quesos y embutidos galos. Sea cual sea tu tipo de viaje: en solitario, con tu pareja, en familia o con amigos, es imposible aburrirse en París.

Lyon
La repostería lionesa tiene merecida fama en todo el planeta: bugnes, choux, coussin, tarte à la praliné… Lyon es uno de los referentes culinarios franceses y sus dulces no se quedan atrás. Muy cerca de allí nació Paul Bocuse, inventor de la Nouvelle Cuisine y mundialmente reconocido por revolucionar la cocina. Su restaurante L’Auberge du Pont de Collonges ostenta tres estrellas Michelin y es de obligada parada para cualquier amante de la buena mesa. Si no te lo puedes permitir, no dejes de mojar pan en un Cervelle de canut, dip a base de queso fresco, hierbas y chalotas.

Costa Azul
Cannes, Niza, Saint Raphael y Saint-Tropez forman uno de los lugares más turísticos de Francia: la Costa Azul. La suavidad de su clima, incluso en invierno, lo han convertido en uno de los destinos preferidos de la jet set y burguesía europeas, y en la primera de ellas se celebra cada año uno de los festivales cinematográficos más relevantes del panorama internacional. Miles de parisinos invaden la Côte d’Azur cada verano, al igual que viajeros llegados desde la mitad del globo terráqueo obnubilados por el glamur que la han hecho mundialmente famosa.

Costa Azul de Marsella, Francia

 

Burdeos
Lleva sometida a un estricto lavado de cara desde hace quince años y su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad desde 2007. Parques, museos, compras, paseos en barca y una gastronomía que no deja indiferente a nadie han hecho de Burdeos una de las ciudades que visitar en Francia en cualquier época del año. Con seis rutas del vino, una de ellas en el propio municipio, además de las de Médoc, Sauternes y Graves, Saint-Emilion y Blaye, Bourg, Burdeos y Entre-deux-Mers, una de las experiencias más recomendables es una visita a alguno de los muchos châteaux de la provincia.

Marsella
Además de ser Capital Europea del Deporte en 2017, Marsella es otro de los imprescindibles que ver en Francia. Desde el Puerto Viejo al pintoresco barrio de L’Estaque, pasando por el Paseo Marítimo o la Massalia antigua, esta urbe gala enamora al turista desde el primer momento. Al fondo, la basílica de Notre-Dame de La Garde, de estilo romano-bizantino y conocida popularmente como ‘la Bonne Mère’, es un símbolo para todos los marselleses. Y, en las afueras, el Parque Nacional de las Calanques ofrece bucólicas calas en un mar azul intenso. De cuento.

Alsacia
Con 190 kilómetros de largo y 50 de ancho, es la región más pequeña del país, pero también una de las más fáciles de explorar. Estrasburgo, ciudad joven y dinámica, es la capital de Alsacia, otro de los lugares de interés de Francia. Su patrimonio histórico ha sido reconocido mundialmente y sus opciones de ocio son aptas para toda la familia. Muy cerca, Colmar es centro vinícola de la zona, además de ciudad natal del célebre escultor Bartholdi, creador de la Estatua de la Libertad. La cultura del vino forma parte de la historia de Alsacia, y se manifiesta en sus idílicos paisajes y tradiciones ancestrales.

Alsacia, Francia

 

Toulouse
Situada en pleno corazón de la nación, entre el Mediterráneo y el Atlántico, es conocida como Ciudad Rosa por el vistoso color de los ladrillos de muchos de sus edificios. No dejes de echar un vistazo a alguno de sus mercados cubiertos y al aire libre para llenar la despensa con algunos de los productos típicos de la región: quesos, embutidos, vinos, foie gras… Y, sentados a la mesa, nada mejor que hincarle el diente a una cassoulet, a base de alubia blanca, o a una salchicha de Toulouse, elaborada exclusivamente con carne de cerdo fresca, sal y pimienta.

Carcassonne
Como si el tiempo se hubiera detenido en ella, Carcassonne es una de las villas medievales mejor conservadas que visitar en Francia y toda Europa. Su casco antiguo, todavía habitado, se encuentra cerrado al tráfico y está protegido por una doble muralla, siendo su acceso a través de dos imponentes portones que servían para protegerlo de los enemigos. Consta de 52 torres y 2 recintos concéntricos que forman un total de 3 kilómetros de murallas. Dentro se ubica un teatro creado en 1908, donde cada verano se celebra el Festival de la Ciudadela.

Carcassonne, Francia

 

Dijon
Puerta de entrada a los más importantes viñedos de la nación, los de Cote de Nuits, pensar en Dijon es hacerlo en una de las mayores delicias culinarias que existen, la sensacional mostaza de inigualable y potente sabor. Capital del poderoso ducado de los Borgoña, uno de sus mayores símbolos es la Torre Philippe Le Bon, punto más alto de la localidad, con 46 metros de altura, y desde el que se contemplan magníficas panorámicas. Por su parte, la Ruta de los Grandes Vinos conduce de Dijon a Santenay, y permite conocer 24 de los 33 con que cuenta otro de los lugares turísticos de Francia.

Champagne-Ardenas
¿Eres un amante de los deportes al aire libre y buscas qué visitar en Francia? Esta región es perfecta para practicar senderismo, paseos a caballo o en bicicleta, actividades náuticas y disfrutar de grandes lagos, parques naturales y el Macizo de las Ardenas. Además, cuenta con 5 localidades con el distintivo de ‘Ciudad de Arte y de Historia’. Pero, si hay una cita ineludible, es la visita y cata en alguna bodega de Champagne, como las de Veuve-Clicquot, en Reims, o la Avenida de Champagne, en Epernay, donde se dan cita algunas de las más importantes en torno al espumoso más apetecido.

Córcega
Este continente en miniatura se encuentra a 200 kilómetros de la Costa Azul, en medio del Mediterráneo, y cuenta con un litoral de más de 1.000 kilómetros , el más rico y variado del estado. Pequeñas calas casi desiertas, playas de arena fina, aguas cristalinas, cinco reservas naturales y parques marinos componen el paisaje de Córcega, uno de los 20 lugares más bonitos de Francia. En la cocina corsa destacan pescados y mariscos frescos, junto a fiambres y quesos elaborados por pastores: venachese, le calenzana o brocciu, con suero de leche de cabra u oveja.

Córcega, Francia

 

Baja Normandía
En sus playas tuvo lugar uno de los más importantes acontecimientos de la historia mundial, el 6 de junio de 1944, cuando ciento sesenta mil soldados cruzaron el Canal de La Mancha para liberar los territorios ocupados por la Alemania nazi. Hoy en día, el Memorial de Caen, el Museo de Omaha Beach y el D-Day Museum son los principales puntos de peregrinación que visitar en esta parte de Francia. Su capital es Caen y, muy cerca, el Mont Saint-Michel, casi en el límite con Bretaña, la segunda atracción turística más visitada de la nación, tras París.

Alta Normandía
Rouen y Le Havre son las dos principales metrópolis de Alta Normandía, pero si hay un paisaje que corte la respiración ese es, sin lugar a dudas, el de los Acantilados de Étretat. Grandes artistas como Monet los reflejaron en algunas de sus obras y su verticalidad asustaría hasta al más valiente. Y si tamaña magnitud ha abierto tu apetito, nada mejor que llenar el buche a base de marisco, cordero, productos lácteos de Isigny, quesos del País de Auge, sidra, pommeau, a base de zumo de manzana y Calvados; poiré, bebida alcohólica de pera, o teurgoule, arroz con leche perfumado con canela.

Valle del Loira
El mayor territorio francés incluido en el Patrimonio Mundial de la Unesco es el Valle del Loira, que sedujo a muchos artistas, reyes y autores célebres para fijar allí su residencia. La Ruta de los Castillos de Loira es algo que ver en Francia sí o sí, destacando entre todos ellos el de Chenonceau, uno de los más bonitos, y el de Chambord, el de mayores dimensiones. Por su parte, el de Cheverny inspiró a Hergé para dibujar el ficticio castillo de Moulinsart, en ‘Las aventuras de Tintín’. La música y el jazz también tienen un lugar destacado, con numerosos festivales, entre los que triunfa el de Primavera, en Bourges.

Castillo Chenonceaux, Francia

 

Aix en Provence
Acogedora en cualquier época del año y dotada de un clima privilegiado, Aix es uno de los lugares de interés de Francia pensados para el caminante. Tesoros arquitectónicos, mansiones, fuentes, joyas del barroco… Pero, también, parques, jardines y acogedoras terrazas en las que ver la vida pasar con una copa de vino de alguna de las cinco Denominaciones de Origen que acoge la comarca. Paul Cézanne fue uno de sus hijos predilectos y algunos de los espacios donde vivió y creó sus mejores obras son visitas más que obligadas.

Biarritz
Este antiguo pueblo de balleneros se ha convertido con el paso de los años en una de las ciudades más señoriales de Europa, además de otro de los lugares turísticos de Francia que no podían faltar en esta lista. A escasos kilómetros de España, puede presumir de 6 kilómetros de playas de arena fina y aguas ricas en algas marinas, a las que añaden yodo con el consiguiente beneficio para el cuerpo. De ahí que el viajero en busca de balnearios y talasoterapia no pueda resistirse a su gran oferta. Se dice que la introducción del surf en nuestro continente tuvo lugar en 1957 en Biarritz.

Alpes-Mont Blanc
El paraíso de los esquiadores se vanagloria de 490 kilómetros repartidos en 330 pistas, el mayor territorio esquiable del mundo con estaciones tan reputadas como Méribel, Courchevel, Les Ménuires o Val-Thorens. El Mont Blanc es el tercer espacio natural más visitado del mundo y también permite otro tipo de actividades, como escalada, alpinismo o senderismo. Pero que no se preocupen los más perezosos: también se puede divisar desde alguna de las cuatro terrazas panorámicas a las que se accede sin mayor esfuerzo desde el teleférico de La Aiguille du Midi, tras un trayecto de 20 minutos.

Mont-Blanc, Francia

 

Bretaña
Municipios medievales, naturaleza, acantilados o playas se dan la mano en Bretaña, otra de las zonas que ver en Francia. Rochefort-en-Terre, a 35 kilómetros al este de Vannes, conserva un casco histórico donde la arquitectura tradicional convive con palacios renacentistas y edificios del siglo XIX. Rennes es la capital de una región repleta de tradiciones y folclore, con muchas especialidades gastronómicas, además de marisco: tortas de trigo negro, kig ha farz: cocido de carne y verduras; chouchen: parecido al hidromiel; far bretón: tarta de ron y ciruelas, o kouign-amann, pastel de mantequilla.

Bretaña francesa, Francia

 

La Roque-Gageac
Es uno de los 156 municipios galardonados con el título ‘Les plus beaux villages de France’ (los pueblos más bellos que visitar en Francia), que se otorga a localidades con menos de 2.000 habitantes, destacado patrimonio y cuya normativa local impida nuevas construcciones. Habitada desde la prehistoria, ‘La Roca de Gajac’ se sitúa a orillas del río Dordoña, al pie de un acantilado, y disfruta de un microclima que invita a recorrer a pie sus pequeños callejones, iglesia y fuerte troglodítico, antes de reponer fuerzas en una típica brasserie.

Gargantas del Verdon
Considerado uno de los cañones más bellos de Europa, con 25 kilómetros de largo y hasta 700 metros de profundidad, la Garganta de Verdon (Gorges du Verdon) se encuentra en el sureste del país vecino y debe su nombre al color turquesa de sus aguas. Entre las localidades de Castellane y Moustiers-Sainte-Marie puede contemplarse una de las imágenes más apabullantes que ver en Francia, con la posibilidad de practicar kayak, parapente, alpinismo o escalada, entre otros deportes. En la segunda mitad del siglo XIX ya eran recomendadas en guías turísticas.